En estos últimos meses se ha hablado mucho de la conveniencia o no de que el los ciclistas deban llevar casco. En este debate, desde ConBici, coordinadora formada por 52 asociaciones de toda la geografía nacional (www.conbici.org), no discute que para determinados usos o usuarios de la bicicleta pueda ser interesante su utilización, pero pensamos más en el auténtico peligro que para la víctima puede suponer precisamente su obligatoriedad.
Desde ConBici y basándonos en la experiencia de 10 años de casco ciclista obligatorio en España en vías interurbanas, nos oponemos a la obligatoriedad del casco (no a su uso) en todos los casos, incluso para niños y niñas, pues supone una fuente frecuente de conflictos cotidianos que no ayudan a la elección de la bicicleta como vehículo preferente. Por contra, desincentiva su uso (¡prohibe usar la bicicleta si no lo llevas!) y cuantos más ciclistas haya en las calles, más seguridad vial hay para todos, incluidos peatones y automovilistas. Igualmente la obligatoriedad de sacarse un carnet, o un seguro o tener que llevar una placa a modo de matrícula, sería contraproduccente y restaría ciclistas.
Por otra parte, la escasa fecuencia de las lesiones (según estadísticas de la DGT y Barómetro Anual de la Bicicleta) no justifica tomar esta medida sin estudios oficiales y específicos que la aconsejen. Por eso no es obligatorio en el resto de países europeos, salvo en Eslovenia, donde en la práctica casi nadie cumple esta norma.
Además, los perjuicios jurídicos que pueden derivarse para las víctimas ciclistas de un accidente, son injustos de partida y merman sus posibilidades de recuperación, si por la "concurrencia de culpas", la víctima dispone de menos indenmización y por lo tanto medios para su tratamiento. Aunque no haya sido la causante del accidente. Quizás por ese ahorro en indenmizaciones, las compañías aseguradoras están a favor del casco obligatorio, pues saben que en la práctica, los usuarios urbanos y cicloturistas no suelen utilizarlo. Las aseguradoras hacen así piña con las asociaciones de automovilistas, muy vinculadas a la DGT y con la Asociación de Carreteras Españolas (ACE), que aboga porque algún día todos los vehículos que transiten por ellas abonen un peaje para su mantenimiento según el kilometraje anual realizado. Las asociaciones de víctimas están más divididas, pero entre sus asociados prácticamente no hay ciclistas y sí muchos automovistas. Pero el tópico de que el casco salva vidas todavía pesa bastante en muchas personas que lo defienden con buena voluntad. Y esto favocere a un lobby automovilista que aboga por su implantación, aparentando un interés altruista por nuestra seguridad. Desde la DGT les preguntan mucho a ellos... pero a nosotros... ¿quén nos pregunta y quien nos escucha?. ¿Acaso no estamos interesados en nuestra propia seguridad?.
El casco es un elemento de protección homologado para los golpes que se puedan recibir tras una caida con la bicicleta, pero no en un atropello, que es donde se producen las lesiones cráneo encefálicas más graves o mortales. Por ello lo recomendamos a los deportistas, por su tipo de conducción, más rápida y arriesgada. Pero no para el campesino que acude a labrar a su huerta, al trabajador que acude a su trabajo por un carril bici o para el niño que sale a jugar con su bici a la puerta de su casa. No existen víctimas en estos segmentos para que el casco se convierta en obligatorio y sí son miles las víctimas que generan los automóviles, no solo con su violencia vial", sino con sus emisiones que según la OMS ya provocan más víctimas mortales por contaminación atmosférica que por accidentabilidad.
Por estas y otras razones, el casco para ciclistas sólo es obligatorio en tres países del mundo de manera generalizada, y que no destacan por sus políticas de fomento ni por el número de ciclisitas en sus calles (Australia, Nueva Zelanda y Eslovenía). En España se oponen los municipios más interesados en la promoción de la bicicleta (RCxB), los empresarios del sector, con los fabricantes de bicicletas, la Real Federación Española de Ciclismo, la Asociación de Ciclistas Profesionales, la Red de Ciclojuristas y ConBici.
La seguridad de los más vulnerables debe buscarse mediante otras medidas que conviertan la bicicleta en un vehículo preferencial por la función social que su utilización masiva cumple para todos.
Por todo ello los ciclistas españoles, como los del resto del mundo, rechazamos la obligatoriedad ante la DGT y ante la Comisión de Seguridad Vial y Movilidad Sostenible del Congreso. Casco, opcional sí, obligatorio no.
Manuel Martín Fernández
Director Técnico de ConBici
lunes, 17 de marzo de 2014
martes, 11 de febrero de 2014
Reflexiones tras la muerte de un joven ciclista en Murcia
El pasado jueves se celebró el homenaje a un ciclista urbano fallecido en una vía urbana, Carlos Macías, de tan solo trece años. El acto congregó a unas doscientas personas que se desplazaron en bicicleta, entre las que estaban su padre y su hermano. Teniendo en cuenta su tierna edad, que era scout y que se supone que por ese colectivo fueron bastantes amigos y compañeros del chaval, contando también con el impacto mediático de la noticia, la creciente población de ciclistas urbanos que hay en Murcia y que una masa crítica normal reune entre 70 y 125 personas, creo que no es precisamente un éxito de la solidaridad con el chaval o de conciencia colectiva con los más vulnerables. Sin duda la participación hubiera sido otra si se hubiera tratado de un ciclista profesional famoso, en este caso con la asistencia de una buena representación de instituciones y entidades relacionadas con el deporte de los pedales. Esta tibia participación ciudadana y de los representantes políticos que deben velar por nuestra seguridad, más bien supone la aceptación de que para circular entre el tráfico de Murcia hay que ir en coche o hay que ser un peatón muy disciplinado. Y si encima se trata de un ciclista sin casco y sin chaleco... ya lo comprendemos todo... ¡A quien se le ocurre! Pero sin pensar que casco no es eficaz ante la mayoría de los atropellos.
Me recuerda al maquinista del tren siniestrado en Galicia hace unas semanas. En efecto, el conductor comparte la culpa de un negligente descuido, y cuando sucedió el suceso todos le señalamos -incluso él mismo- como la figura de la bruja medieval que había que enviar a la hoguera por tan grave acción de circular a más del doble de velocidad, cuando cuatro kilómetros antes pasó una señal que le obligaba a reducirla. Las autoridades se apresuran a señalar al culpable, lo que nos permite calmar nuestra necesidad de comprender la tragedia y calmar nuestra sed de justicia. Pero cuando nos baja la sangre de la cabeza, comprendemos que hay otros condicionantes que podrían haber evitado ese accidente. El juez ya ha llamado a los que diseñaron una vía que permitía que en apenas cuatro kilómetros hubiera que reducir tan drásticamente la velocidad, sin dispositivos que evitaran esta previsible desgracia, si un día se descuidaba un humano maquinista. Los políticos que metieron prisa o se pusieron las medallas para inaugurar la línea, pueden seguir tranquilos, a ellos no los llamarán.
Y estas analogías no puedo evitar hacerlas con el caso del atropello al niño de Murcia,. Podemos adivinar que el chiquillo no calculó bien que, la diferencia entre la vida y la muerte no le separan cuatro kilómetros, sino apenas dos metros. Y aceptamos como normal sobrepasar la velocidad en una avenida como la de Juan de Borbón, que raro es el vehículo que no sobrepasa los límites establecidos, pues fue diseñada para los rápidos desplazamientos del actualmente indiscutible rey de la ciudad; el automóvil. Y esta es la movilidad que a sangre y fuego tenemos como verdadera. La calzada, que ocupa la mayor parte del espacio público en la ciudad, es para los coches. Que nadie ose desafiar esta realidad. Y menos con una inofensiva bicicleta.
Triste jornada para la familia, que en su doloroso drama, acude sin comprender bien por qué va a este homenaje a su hijo fallecido, convocado por quienes luchan por una ciudad que invierta las prioridades del automóvil para evitar sucesos como el que ha segado la vida de Carlos. Aprovecha el padre para pedir a los ciclistas que se protejan con chalecos y casco. Incluso la madre no quiere ir en bici, pues no quiere ver una en años, sin poder comprender en estos momentos que más bicis en las calles es igual a menos accidentes. Comprensibles reacciones en su tremenda situación. Triste la ausencia de significativas autoridades en la marcha de duelo, que simbólicamente va en bicicleta, ese vehículo que dicen fomentar. Triste ni un solo reproche a los coches, que pueden tener razones para matar a otros usuarios más vulnerables, sólo porque son coches y porque así está socialmente aceptado.
Y lo más triste, la muerte de Carlos, por supuesto. Días tristes en ciudades tristes.
3 de Septiembre de 2013
Me recuerda al maquinista del tren siniestrado en Galicia hace unas semanas. En efecto, el conductor comparte la culpa de un negligente descuido, y cuando sucedió el suceso todos le señalamos -incluso él mismo- como la figura de la bruja medieval que había que enviar a la hoguera por tan grave acción de circular a más del doble de velocidad, cuando cuatro kilómetros antes pasó una señal que le obligaba a reducirla. Las autoridades se apresuran a señalar al culpable, lo que nos permite calmar nuestra necesidad de comprender la tragedia y calmar nuestra sed de justicia. Pero cuando nos baja la sangre de la cabeza, comprendemos que hay otros condicionantes que podrían haber evitado ese accidente. El juez ya ha llamado a los que diseñaron una vía que permitía que en apenas cuatro kilómetros hubiera que reducir tan drásticamente la velocidad, sin dispositivos que evitaran esta previsible desgracia, si un día se descuidaba un humano maquinista. Los políticos que metieron prisa o se pusieron las medallas para inaugurar la línea, pueden seguir tranquilos, a ellos no los llamarán.
Y estas analogías no puedo evitar hacerlas con el caso del atropello al niño de Murcia,. Podemos adivinar que el chiquillo no calculó bien que, la diferencia entre la vida y la muerte no le separan cuatro kilómetros, sino apenas dos metros. Y aceptamos como normal sobrepasar la velocidad en una avenida como la de Juan de Borbón, que raro es el vehículo que no sobrepasa los límites establecidos, pues fue diseñada para los rápidos desplazamientos del actualmente indiscutible rey de la ciudad; el automóvil. Y esta es la movilidad que a sangre y fuego tenemos como verdadera. La calzada, que ocupa la mayor parte del espacio público en la ciudad, es para los coches. Que nadie ose desafiar esta realidad. Y menos con una inofensiva bicicleta.
Triste jornada para la familia, que en su doloroso drama, acude sin comprender bien por qué va a este homenaje a su hijo fallecido, convocado por quienes luchan por una ciudad que invierta las prioridades del automóvil para evitar sucesos como el que ha segado la vida de Carlos. Aprovecha el padre para pedir a los ciclistas que se protejan con chalecos y casco. Incluso la madre no quiere ir en bici, pues no quiere ver una en años, sin poder comprender en estos momentos que más bicis en las calles es igual a menos accidentes. Comprensibles reacciones en su tremenda situación. Triste la ausencia de significativas autoridades en la marcha de duelo, que simbólicamente va en bicicleta, ese vehículo que dicen fomentar. Triste ni un solo reproche a los coches, que pueden tener razones para matar a otros usuarios más vulnerables, sólo porque son coches y porque así está socialmente aceptado.
Y lo más triste, la muerte de Carlos, por supuesto. Días tristes en ciudades tristes.
3 de Septiembre de 2013
¡Pero si los ciclistas no pagáis impuestos!
Un artículo que no es mío, pero que quiero compartirlo con vosotros, mis amigos....
Manuel Martín
Por Mario Ortega
No era la primera vez que me “comentan” esto desde un coche, pero se está convirtiendo en un argumento común entre los que se irritan cuando se cruza una bicicleta en su campo de visión. La verdad es que debe dar bastante rabia gastarse 30.000€ en un coche, más impuestos y gasolina, para luego comprobar que un vehículo cien veces más barato, que ni paga impuestos ni gasolina, sea bastante más efectivo circulando por la ciudad.
Cuando se va en bicicleta, es bastante fácil parar a hablar con otro ciclista conocido, o con cualquier peatón. En coche, es casi imposible, de modo que no hay manera de que yo pueda explicar a algunos conductores por qué los ciclistas no pagamos impuestos. A ellos me dirijo.
¿Cómo que los ciclistas no pagamos impuestos?
Los ciclistas como cualquier otro ciudadano pagamos impuestos. Los ciclistas hacen su declaración de la renta, pagan impuestos municipales, y sobre todo, el IVA. Los ciclistas pagamos nuestras bicicletas y todos sus recambios con IVA, y sin ningún tipo de ayuda estatal. Cantidades exorbitantes de dinero para subvencionar la compra de automóviles contaminantes que generan deuda externa al necesitar de petróleo extranjero. Subvencionar problemas, negocio redondo.
Sin embargo, la Unión Europea recomienda a sus estados miembros la exención de impuestos en la venta de bicicletas y accesorios, ya que la bicicleta como medio de transporte urbano tiene innumerables ventajas sobre la salud de los ciudadanos, no endeuda al país con su insaciable sed de petróleo, no necesita un desmesurado gasto en infraestructuras... pero en nuestro país, seguimos de espaldas a la bicicleta.
Es más, con esos impuestos que pagamos, se construyen autovías, autopistas y túneles por los que los ciclistas no podemos circular. Con esos impuestos deberían financiarse las infraestructuras ciclistas que nuestro país tanto necesita, y de las que nuestros vecinos europeos llevan décadas disfrutando.
¿Por qué no pagamos impuestos?
Principalmente porque generamos poco gasto. El gasto en viales urbanos y extraurbanos se ha hecho por y para el coche, por tanto, es justo que sea el coche quien lo pague. No hacían falta semáforos en las ciudades hasta que llegaron los coches. Y seguirían sin hacer falta si imperase el sentido común. No ha sido la bicicleta quien ha invadido el paisaje urbano.
Los ciclistas no hacemos baches en el asfalto, no gastamos los bordillos, no borramos la pintura, no necesitamos soterrar la M-30, no molestamos a los ciudadanos con ruidos ni humos, causamos menos accidentes y de menor gravedad, y por lo general, pasamos menos por el médico. ¿Debemos pagar impuestos por todo ello?
Sobre los impuestos de circulación podríamos hablar largo y tendido. No nos engañemos: con los impuestos de circulación no se paga ni por asomo el mantenimiento de la red viaria, ni siquiera de la municipal. No hay más que ver los socavones que tenemos por Cuenca. Y si como algunos se empeñan en que los ciclistas paguemos impuestos de circulación, ¿cómo lo haríamos? Esto es gracioso. ¿Peso por eje? No llega a 7 kilos. ¿Emisiones? Cero. ¿Cilindrada? Cero. ¿Potencia fiscal? Según tenga el día.
Está claro que es una idiotez. No son vehículos comparables. No se puede meter a la bicicleta en el saco de los coches. Aplicando los criterios automovilísticos a la bicicleta, no creo que tuviéramos que pagar más allá de unos pocos céntimos. Lo cual me lleva a hacerme la siguiente pregunta.
¿Y si los ciclistas pagásemos impuestos?
Pues entonces la administración tendría que cumplir con los ciclistas exactamente igual que con los conductores. Si yo como ciclista pagase impuestos, exigiría que mi bicicleta fuese matriculada como los demás vehículos, y que en caso de robo, la policía la buscase, como se hace en Holanda, por ejemplo. Si pagase impuestos, el estado tendría que dejarme circular por toda la red viaria, autovías, autopistas y los túneles de la M-30, y por el centro del carril. También tendrían la obligación de proveer aparcamiento para mi bicicleta en todas partes, al igual que se hace ahora con los coches.
En fin. Yo me quedo con este “régimen especial” en el que nos movemos los ciclistas actualmente. La bicicleta ahorra a la administración mucho más dinero que el gasto que genera. Sus beneficios sociales y económicos son incalculables. No es que no paguemos impuestos, es que se los ahorramos a los demás con cada pedalada.
Manuel Martín
¡Pero si los ciclistas no pagáis impuestos!
Por Mario Ortega
No era la primera vez que me “comentan” esto desde un coche, pero se está convirtiendo en un argumento común entre los que se irritan cuando se cruza una bicicleta en su campo de visión. La verdad es que debe dar bastante rabia gastarse 30.000€ en un coche, más impuestos y gasolina, para luego comprobar que un vehículo cien veces más barato, que ni paga impuestos ni gasolina, sea bastante más efectivo circulando por la ciudad.
Cuando se va en bicicleta, es bastante fácil parar a hablar con otro ciclista conocido, o con cualquier peatón. En coche, es casi imposible, de modo que no hay manera de que yo pueda explicar a algunos conductores por qué los ciclistas no pagamos impuestos. A ellos me dirijo.
¿Cómo que los ciclistas no pagamos impuestos?
Los ciclistas como cualquier otro ciudadano pagamos impuestos. Los ciclistas hacen su declaración de la renta, pagan impuestos municipales, y sobre todo, el IVA. Los ciclistas pagamos nuestras bicicletas y todos sus recambios con IVA, y sin ningún tipo de ayuda estatal. Cantidades exorbitantes de dinero para subvencionar la compra de automóviles contaminantes que generan deuda externa al necesitar de petróleo extranjero. Subvencionar problemas, negocio redondo.
Sin embargo, la Unión Europea recomienda a sus estados miembros la exención de impuestos en la venta de bicicletas y accesorios, ya que la bicicleta como medio de transporte urbano tiene innumerables ventajas sobre la salud de los ciudadanos, no endeuda al país con su insaciable sed de petróleo, no necesita un desmesurado gasto en infraestructuras... pero en nuestro país, seguimos de espaldas a la bicicleta.
Es más, con esos impuestos que pagamos, se construyen autovías, autopistas y túneles por los que los ciclistas no podemos circular. Con esos impuestos deberían financiarse las infraestructuras ciclistas que nuestro país tanto necesita, y de las que nuestros vecinos europeos llevan décadas disfrutando.
¿Por qué no pagamos impuestos?
Principalmente porque generamos poco gasto. El gasto en viales urbanos y extraurbanos se ha hecho por y para el coche, por tanto, es justo que sea el coche quien lo pague. No hacían falta semáforos en las ciudades hasta que llegaron los coches. Y seguirían sin hacer falta si imperase el sentido común. No ha sido la bicicleta quien ha invadido el paisaje urbano.
Los ciclistas no hacemos baches en el asfalto, no gastamos los bordillos, no borramos la pintura, no necesitamos soterrar la M-30, no molestamos a los ciudadanos con ruidos ni humos, causamos menos accidentes y de menor gravedad, y por lo general, pasamos menos por el médico. ¿Debemos pagar impuestos por todo ello?
Sobre los impuestos de circulación podríamos hablar largo y tendido. No nos engañemos: con los impuestos de circulación no se paga ni por asomo el mantenimiento de la red viaria, ni siquiera de la municipal. No hay más que ver los socavones que tenemos por Cuenca. Y si como algunos se empeñan en que los ciclistas paguemos impuestos de circulación, ¿cómo lo haríamos? Esto es gracioso. ¿Peso por eje? No llega a 7 kilos. ¿Emisiones? Cero. ¿Cilindrada? Cero. ¿Potencia fiscal? Según tenga el día.
Está claro que es una idiotez. No son vehículos comparables. No se puede meter a la bicicleta en el saco de los coches. Aplicando los criterios automovilísticos a la bicicleta, no creo que tuviéramos que pagar más allá de unos pocos céntimos. Lo cual me lleva a hacerme la siguiente pregunta.
¿Y si los ciclistas pagásemos impuestos?
Pues entonces la administración tendría que cumplir con los ciclistas exactamente igual que con los conductores. Si yo como ciclista pagase impuestos, exigiría que mi bicicleta fuese matriculada como los demás vehículos, y que en caso de robo, la policía la buscase, como se hace en Holanda, por ejemplo. Si pagase impuestos, el estado tendría que dejarme circular por toda la red viaria, autovías, autopistas y los túneles de la M-30, y por el centro del carril. También tendrían la obligación de proveer aparcamiento para mi bicicleta en todas partes, al igual que se hace ahora con los coches.
En fin. Yo me quedo con este “régimen especial” en el que nos movemos los ciclistas actualmente. La bicicleta ahorra a la administración mucho más dinero que el gasto que genera. Sus beneficios sociales y económicos son incalculables. No es que no paguemos impuestos, es que se los ahorramos a los demás con cada pedalada.
domingo, 24 de noviembre de 2013
MODELO DE CIUDAD… y ciudad modelo
MODELO DE CIUDAD… y ciudad modelo
Hace unas semanas, en la televisión local de Lorca, José Joaquín Peñarrubia se lamentaba de que desde los equipos de gobierno locales anteriores al actual, el modelo de ciudad se había ignorado y por ello ahora no teníamos uno claro. Quizás olvidó que el actual equipo de gobierno lleva gobernando desde el año 2007, año desde el que ha llovido (desgraciadamente también), mucho. Si es cierto que las circunstancias provocadas por los desgraciados terremotos de 2011 no han permitido grandes alegrías, también lo es que las crisis ofrecen oportunidades, y durante el famoso Plan Lorca tampoco se ha hablado del modelo de ciudad que los lorquinos queremos darnos. Y lo que quizás también desconozca José Joaquín es que desde dentro de Agenda 21 Local de Lorca, alguna asociación de ciudadanos sí que se ha intentado hablar de ello desde el 2010, pero sin encontrar el menor interés por parte de las correspondientes concejalías. Hablar sobre cómo mejorar Agenda 21 lo podemos hacer en otro momento, pero en este escrito pretendemos reivindicar una vez más que Lorca necesita, como todas las ciudades, una ciudad habitable y moderna para atraer los visitantes que nuestra economía necesita, pero también para evitar que los profesionales que tenemos se marchen de nuestro municipio e incluso conseguir que vengan otros, si cabe, tan buenos como los que ya hay. Una ciudad que recupere a los niños en sus calles (¡qué necesarios son!), con caminos escolares seguros que garanticen su independencia, salud y autonomía y les permita jugar en las calles. Esa ciudad repoblada, donde los vecinos no tengan la necesidad de salir a comprar fuera –más bien recibir visitantes-, pues todo lo tienen cerca y así no contaminan con sus desplazamientos.
Una ciudad 8-80 (http://www.8-80cities.org/), que sea segura para niños de 8 años y personas mayores de 80, es una ciudad segura para todos. Y dentro de ese proyecto también podemos hablar de “Ciudad 30” (http://es.30kmh.eu/), donde la velocidad general de la misma sean los 30 kilómetros hora (salvo viales excepcionales), para colaborar a que los quinientos peatones que al año fallecen en las ciudades españolas por accidentes relacionados con coches, sean muchísimos menos, teniendo en cuenta que las posibilidades de morir atropellado se reducen drásticamente si la velocidad está limitada 30 en vez de a 50 Km/h., y además se cumplen dichas limitaciones. Lorca necesita urgentemente un Plan de Movilidad Urbana Sostenible, que ofrezca alternativas al CO2che, combinando transporte público, peatonalización, aparcamientos disuasorios y otros medios de transporte como caminar o desplazarse en bicicleta.
El Plan Lorca precisa de más participación ciudadana para redactar un documento que cubra las necesidades de todos, y en Agenda 21 no se ha debatido. Se supone que este órgano es consultivo pero importante, mas por él, en tres años de andadura, nunca han asistido concejales de peso como el de urbanismo y tampoco el alcalde. Sin embargo hay ciudadanos que han participado activamente, sin que se hayan tenido en cuenta ni sus nobles intenciones ni sus propuestas, ni para aprobarlas ni para razonar por qué no lo son, pues sistemáticamente ni siquiera han merecido una respuesta de cortesía. Y no vale que sectorialmente se reúnan con unos u otros para ofrecer soluciones parciales, pues para ello se creó Agenda 21 en Lorca, para tomar decisiones desde la colectividad, no sólo para, según los casos, debatirlas parcialmente con determinados grupos vecinales, económicos o sociales.
¿Por qué no se potencia y se habla más de una Agenda 21 que casi nadie conoce?. http://www.agenda21.lorca.es/
Por todo ello, además de un modelo de ciudad, nos hace falta también una ciudad modelo. En todos los sentidos.
Manuel Martín – Presidente de LorcaBiciudad
lunes, 16 de septiembre de 2013
DE CÓMO UN PERIODISTA PUEDE CONVERTIR UNA EXCELENTE NOTICIA EN UNA MALA
NOTICIA EMITIDA EN TELEDIARIO DE TVE de las 15h. el sábado 14 de septiembre
Empieza con imágenes de bicicletas en el suelo destrozadas, entre ambulancias, después se ven bicis por las calles y sigue con imágenes de la feria Expobike y su "pista de aprendizaje"):Extracto del texto leidó por el presentador del informativo:
"A medida que la bici va conquistando calles y carreteras, aumenta también su siniestralidad pues el ciclista cada vez es más vulnerable. sin embargo, y según datos que publica la Fundación MAPFRE, España es el país con menor tasa de mortalidad en toda la UE, con sólo un 1,3 %.
Ha crecido mucho en los últimos años el número de ciclistas también aumenta el número de accidentes en zonas urbanas.
Según un estudio de la Fundación MAPFRE el 70 % de los accidentes ocurren en zonas urbanas, las muertes sin embargo, se producen sobre todo en carretera.
Aunque el número de víctimas mortales ha descendido un 19 % en los últimos dos años, las asociaciones de ciclistas recomiendan extremar las precauciones"
http://www.rtve.es/alacarta/videos/telediario/telediario-15-horas-14-09-13/2018966/ (Desde el minuto 31,30)
![]() |
| Este es el aspecto al que someten a las criaturas para ir en bicicleta y con el que se pretende que por Ley salgan a la calle... ¿De verdad piensan que cuando sean más mayorcitas se van a conformar? |
Mi titular:
"Descienden los accidentes graves y mortales en bicicleta, que a pesar del aumento del uso de la bicicleta en España"
Hasta qué punto la sociedad está persuadida de algunos prejuicios, que una noticia positiva se convierte en negativa. De nuevo presentan a la bicicleta como algo peligroso, a pesar de que en el fondo el texto de la noticia está diciendo lo contrario, cuando afirma que "Aunque el número de víctimas mortales ha descendido un 19 % en los últimos dos años...".
Es verdad que más bicis en las calles aumentan los accidentes leves (lógico, pues el 98 % de los accidentes son leves, según el Barómetro de la Bicicleta, aunque el aumento de accidentes no es lineal al uso) pero no los graves y mortales, que a pesar del notable aumento del uso de la bici, incluso descienden, pues hay más bicis en la calle y paulatinamente los automovilistas se van acostumbrando más a su presencia, aunque locos y suicidas los hay en todos los ámbitos.
Por tanto una excelente noticia la han convertido en pésima. Lamentable.
lunes, 17 de junio de 2013
El casco ciclista me mata (o casi)
Yo soy un ciclista integral, con casco parcial. Quiero decir que lo mismo voy a trabajar en bici a la ciudad, que hago cicloturismo por apacibles caminos rurales, que descargo adrenalina y quemo grasa corporal en mi bici de montaña. Y el casco me lo pongo donde el sentido común me lo dicta, que para eso lo tengo (el casco y el sentido común).
Y en esas estaba cuando hace unos días circulaba por un camino llano de cabras con mi BTT. Como considero que en esas rutas sí que estoy practicando una actividad de relativo riesgo, pues me había encasquetado como siempre mi casco de ciclista "por si acaso". Disfrutando la brisa, de repente noté como un insecto se introdujo por uno de los respiraderos de la chichonera y comenzó a zumbar entre mis cabellos. Instintivamente me llevé una mano a la cabeza, pensando en una avispa o similar y mientras hacía hueco entre mi cráneo y el protector, y sujetando el manillar con una sola mano, pillé un bache… y me fui al suelo, con la mala suerte de que al poner el pie en tierra me clavé seis dientes del plato en mi pantorrilla, para finalizar seguidamente la caída por encima del manillar describiendo lo que me pareció un elegante escorzo. Ni la cabeza ni el casco rozaron el terreno, sólo en las extremidades y costados -como casi siempre que nos caemos de la bici-, sufriendo un golpe en el codo que todavía me dura. 

¿Qué puede decir de esto?. ¿Que si no hubiera llevado el casco nada de esto me habría pasado?. ¿Dejaré de llevar casco a partir de ahora?. ¿Llevaré a cambio coderas, espinilleras y rodilleras?. Pues más bien no me lo planteo. El casco seguirá formando parte de mi vestuario cuando salga a la montaña a practicar mountain bike, aunque en miles de kilómetros nunca me dí ningún golpe, y seguiré sin ponérmelo en el resto de ocasiones, pues apenas voy más rápido en bici que cuando camino y si me arrolla un coche, probablemente me servirá de poco, igual que a los quinientos peatones que de promedio fallecen anualmente atropellados en España.
La Vida, para bien y para mal, es un cúmulo de circunstancias fortuitas que no podemos anticipar. Y si Vd. cree que sí que se puede prevenir todos los golpes en la cabeza coronándola con una coraza, entonces no se le ocurra jamás pasear por la calle descubierto o subirse a un coche sin ponérselo: ¿sabe que, según el INE, en 2010 fallecieron en España tres ciclistas por golpes en la cabeza, tres peatones por la caída de macetas en el cráneo y tres fallecieron por un rayo?. ¿Y sabe que casi 5.000 víctimas anuales de tráfico, la inmensa mayoría dentro de un coche, fallecen o quedan seriamente heridas en los accidentes de automóvil, donde el cinturón de seguridad tampoco es suficiente y los traumatismos cráneo encefálicos son una auténtica pandemia?. ¿Mejor empezamos por aquí o tratamos de evitar apenas 2 o 3 fallecidos que calcula la DGT que salvaría el casco ciclista, a cambio de reducir las personas que usarán la bici en las ciudades y renunciando así a los beneficios que abandonamos?. Seamos objetivos. Los riesgos no guardan proporción con la pretendida medida (12-14 ciclistas fallecidos en todas las vías urbanas de promedio anual, en diferentes circunstancias) y los beneficios colectivos de usar la bici salvan muchísimas más vidas que el casco. Voluntario sí. Obligatorio no.Manuel Martín
www.lorcabiciudad.es - www.conbici.org
viernes, 31 de mayo de 2013
Una tarde en la Radio. Una tarde en la Cadena SER.
Estimados amigos y amigas.
No he tenido tiempo de contaros muchas cosas que me pasaron en Madrid la pasada semana, pero este viaje ha sido de los más satisfactorios tanto a nivel de ConBici como a nivel personal.
Cuando apenas entraba por el municipio de Madrid, llegando a Aranjuez, me llamó Teresa, periodista de informativos de la Cadena SER. Quería un corte sonoro de ConBici para ponerlo con la noticia del casco, que era lo que tocaba ante la comparecencia de la directora de la DGT en el Congreso de los Diputados y motivo de mi viaje. Como en el tren la cobertura no es muy fiable, me ofrecí a vernos personalmente en las instalaciones que Cadena SER tiene en la Gran Vía madrileña. Teresa se mostró satisfecha de la propuesta y yo también, pues sabía que podía ser mucho más productiva que una simple toma telefónica de declaraciones. Y no me equivoqué.
Teresa me pareció al principio una perfecta profesional y relaciones públicas, pero todavía me pareció mejor persona. El trato fue tan exquisito que además de realizarme la entrevista que necesitaba, me mostró todos los rincones de esa casa de sonidos personalizadamente digitales. Me mostró la terraza, desde donde se divisa el emblemático edificio de la Telefónica y la inusual vista trasera de una estatua del Fénix. También el Madrid de los campanarios, el de los rascacielos y el de la sierra, todavía en Mayo con visibles neveros blancos.
Pero lo mejor estaba dentro. Me resultó una gratísima experiencia la visita guiada, en la que gracias a Teresa, pude acceder a Angels Barceló, ocupada en la preparación de su programa de la noche. Me llamó la atención que pese a ser una de las profesionales relevantes de la casa, su mesa estaba entre las del resto de redactores, algunos bastante jóvenes, pareciendo una más de la tropa. Nuestro gusto por las bicis (ella es usuaria) nos hizo sintonizar, comentándome cómo escuchó por la mañana una tertulia en otra emisora, donde nos estaban poniendo a caldo a los ciclistas. Pero más aún confraternizamos con la oposición a la obligatoriedad del casco, que desde la direccción de la DGT nos quieren imponer.
Duante las entrevistas, una para los informativos y otra para La Ventana edición Madrid, expusé la estadísticas del INE de 2010, que registran que en ese año 3 ciclistas perdieron la vida por golpearse la cabeza, 3 peatones fallecieron por caerles una maceta en la cabeza y tres más por la caída de un rayo. Esto le llamó la atención a Teresa y lo utilizó en su reportaje.
Por los pasillos nos tropezamos con Carles Francino en uno de sus descansos, y tuve la oportunidad de saludarle y mostrale mi simpatía.
Cuando supo de nuestro trabajo en ConBici, me recordó que tuvo como invitado a un representante ciclista sevillano en La Ventana. Dijo que él antes, al proceder del mundo de las motos, veía con naturalidad que el ciclista debe llevar casco, pero que Juanma Mellado, presidente de la asociación sevillana Acontramano, le convenció durante una entrevista, hacéndole ver de otra manera el asunto del uso y obligatoriedad del casco.
De nuevo en el balcón, donde los trabajadores salen a disfrutar de algún rato de descanso y a fumar algún pitillo, pude hablar con algunas personas. Y allí me encontré a Isaias Lafuente, al que aproveché para saludar y preguntarle por su opinión por el asunto. Y resultó ser partidario de la obligación, aunque comprende nuestras argumentaciones, pero por aquello de que si salva una sola vida, la medida ya merece la pena. No logré convencerle con los argumentos que señalan que las vidas que se salvan por la seguridad vial que aportan más bicis en las calles y por una población más sana son muchas más. Pero hay que respetar los distintos puntos de vista y lo importante es poder exponerlos y contrastarlos. Lo que no hemos podido hacer hasta ahora con la DGT.
En esta enorme familia hay otros profesionales que abogan porque el casco sea obligatorio, como Jesús Soria. Resulta que dirige e programa "SER Consumidores", y me sorprendió hace unas semanas en un debate donde defendió puntualmente el casco obligatorio e incluso habló con cierto desdén de los que argumentamos en contra sin entrar en nuestros motivos, finalizando su intervención con un "también se quejaban cuando se quiso poner el casco para motos y al final a todos parece bien" (aquí en los últimos dos minutos). Hasta la OCU está en contra de esta imposición y Jesús debe saberlo. Días después me enteraría de que Jesús Soria es el Director de la Revista Tráfico, órgano de comunicación oficial de la DGT...
En definitiva, un par de horas en Cadena SER muy enriquecedoras
No he tenido tiempo de contaros muchas cosas que me pasaron en Madrid la pasada semana, pero este viaje ha sido de los más satisfactorios tanto a nivel de ConBici como a nivel personal.
Cuando apenas entraba por el municipio de Madrid, llegando a Aranjuez, me llamó Teresa, periodista de informativos de la Cadena SER. Quería un corte sonoro de ConBici para ponerlo con la noticia del casco, que era lo que tocaba ante la comparecencia de la directora de la DGT en el Congreso de los Diputados y motivo de mi viaje. Como en el tren la cobertura no es muy fiable, me ofrecí a vernos personalmente en las instalaciones que Cadena SER tiene en la Gran Vía madrileña. Teresa se mostró satisfecha de la propuesta y yo también, pues sabía que podía ser mucho más productiva que una simple toma telefónica de declaraciones. Y no me equivoqué.
Teresa me pareció al principio una perfecta profesional y relaciones públicas, pero todavía me pareció mejor persona. El trato fue tan exquisito que además de realizarme la entrevista que necesitaba, me mostró todos los rincones de esa casa de sonidos personalizadamente digitales. Me mostró la terraza, desde donde se divisa el emblemático edificio de la Telefónica y la inusual vista trasera de una estatua del Fénix. También el Madrid de los campanarios, el de los rascacielos y el de la sierra, todavía en Mayo con visibles neveros blancos.
Pero lo mejor estaba dentro. Me resultó una gratísima experiencia la visita guiada, en la que gracias a Teresa, pude acceder a Angels Barceló, ocupada en la preparación de su programa de la noche. Me llamó la atención que pese a ser una de las profesionales relevantes de la casa, su mesa estaba entre las del resto de redactores, algunos bastante jóvenes, pareciendo una más de la tropa. Nuestro gusto por las bicis (ella es usuaria) nos hizo sintonizar, comentándome cómo escuchó por la mañana una tertulia en otra emisora, donde nos estaban poniendo a caldo a los ciclistas. Pero más aún confraternizamos con la oposición a la obligatoriedad del casco, que desde la direccción de la DGT nos quieren imponer.
Duante las entrevistas, una para los informativos y otra para La Ventana edición Madrid, expusé la estadísticas del INE de 2010, que registran que en ese año 3 ciclistas perdieron la vida por golpearse la cabeza, 3 peatones fallecieron por caerles una maceta en la cabeza y tres más por la caída de un rayo. Esto le llamó la atención a Teresa y lo utilizó en su reportaje.
Por los pasillos nos tropezamos con Carles Francino en uno de sus descansos, y tuve la oportunidad de saludarle y mostrale mi simpatía.
Cuando supo de nuestro trabajo en ConBici, me recordó que tuvo como invitado a un representante ciclista sevillano en La Ventana. Dijo que él antes, al proceder del mundo de las motos, veía con naturalidad que el ciclista debe llevar casco, pero que Juanma Mellado, presidente de la asociación sevillana Acontramano, le convenció durante una entrevista, hacéndole ver de otra manera el asunto del uso y obligatoriedad del casco.
De nuevo en el balcón, donde los trabajadores salen a disfrutar de algún rato de descanso y a fumar algún pitillo, pude hablar con algunas personas. Y allí me encontré a Isaias Lafuente, al que aproveché para saludar y preguntarle por su opinión por el asunto. Y resultó ser partidario de la obligación, aunque comprende nuestras argumentaciones, pero por aquello de que si salva una sola vida, la medida ya merece la pena. No logré convencerle con los argumentos que señalan que las vidas que se salvan por la seguridad vial que aportan más bicis en las calles y por una población más sana son muchas más. Pero hay que respetar los distintos puntos de vista y lo importante es poder exponerlos y contrastarlos. Lo que no hemos podido hacer hasta ahora con la DGT.
En esta enorme familia hay otros profesionales que abogan porque el casco sea obligatorio, como Jesús Soria. Resulta que dirige e programa "SER Consumidores", y me sorprendió hace unas semanas en un debate donde defendió puntualmente el casco obligatorio e incluso habló con cierto desdén de los que argumentamos en contra sin entrar en nuestros motivos, finalizando su intervención con un "también se quejaban cuando se quiso poner el casco para motos y al final a todos parece bien" (aquí en los últimos dos minutos). Hasta la OCU está en contra de esta imposición y Jesús debe saberlo. Días después me enteraría de que Jesús Soria es el Director de la Revista Tráfico, órgano de comunicación oficial de la DGT...
En definitiva, un par de horas en Cadena SER muy enriquecedoras
Pocos días después, por la noche, en el programa de Angels Barceló se pudo escuchar este elogio a la bicicleta, sembrado de los motivos que nos hacen oponernos a esas bridas que quieren imponernos y que parecen pretender restar placer a esa experiencia que cada día supone ir a trabajar en nuestras inofensivas bicicletas....
http://www.cadenaser.com/opinion/audios/elogio-bicicleta/csrcsrpor/20130530csrcsropi_11/Aes/
Si todavía dudas sobre si el casco debe o no ser obligatorio... no dejes de escucharlo. Las razones de ConBici las encontrarás en su web, con los estudios, datos y argumentos que, por contra, te costará trabajo encontrar en la web de la DGT.
Si todavía dudas sobre si el casco debe o no ser obligatorio... no dejes de escucharlo. Las razones de ConBici las encontrarás en su web, con los estudios, datos y argumentos que, por contra, te costará trabajo encontrar en la web de la DGT.
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